Cada vez más familias observan cómo la postura de sus hijos de entre 12 y 16 años se deteriora día tras día, acompañada de molestias de espalda, sobre todo en el cuello y la zona lumbar.

Las causas son muchas: el exceso de carga en la mochila, el mobiliario escolar en el que pasan horas sentados, la falta de ejercicio, demasiado tiempo frente a pantallas. Es probable que ese estilo de vida sea el precursor de problemas posturales y lesiones mecánicas en un futuro no muy lejano. Pero, lejos de quedarnos en el problema, se puede prevenir, y buena parte podría hacerse dentro del propio entorno escolar: la Educación Física debería enfocarse más al conocimiento y entendimiento del movimiento humano como medio para mejorar la salud musculoesquelética.

Estamos diseñados para movernos, no para hacer gimnasia aislada

Cuando observamos la facilidad con la que un bebé se mueve de forma natural y eficiente, nos damos cuenta de lo lejos que jóvenes y adultos estamos de ese movimiento “real” para el que estamos diseñados, y que vamos sustituyendo por patrones compensatorios que generan tensión y falta de movilidad. Hay un ejemplo revelador: un deportista profesional al que se le pidió imitar todos los movimientos de un niño de 18 meses acabó exhausto en 20 minutos. Una muestra de la eficiencia natural del cuerpo cuando lo usamos según los principios sobre los que se ha estructurado nuestro movimiento.

No estamos diseñados para hacer flexiones, abdominales y demás ejercicios gimnásticos simples y aislados. Estamos diseñados para correr, saltar, gatear, trepar, lanzar, rodar: actividades funcionales que requieren una buena conexión neuromuscular y equilibrio estructural. Los juegos y deportes de la clase de Educación Física son fundamentales, pero deberían acompañarse de ejercicios que refuercen el autoconocimiento corporal y la vuelta al movimiento natural.

Sistemas como el Pilates son muy positivos no solo para mejorar la postura y el movimiento de los jóvenes, sino para darles un aprendizaje práctico sobre cómo funciona el cuerpo, que les permita evitar patrones dañinos e incorporar otros más eficaces y seguros. Sustituir parte de la gimnasia tradicional por ejercicios de integración del movimiento es darles una base más segura sobre la que construir su movimiento de cara a la vida adulta. Animo a los profesionales de la Educación Física a investigar sistemas de ejercicio basados en principios holísticos, orientados a mejorar el funcionamiento global del sistema neuromuscular, como los Principios del Movimiento.

Por Juan Nieto

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