“Pilates siempre con la columna en neutro.” Es una de las reglas más repetidas del método. Llevándola al extremo, sería como decir que hay que practicar Pilates con los ojos tapados, por si la luz pudiera dañar la vista. Suena absurdo, y con la columna pasa algo parecido.

Partamos de algo en lo que es fácil estar de acuerdo: Pilates es un método para mejorar el movimiento de las personas. Y si queremos mejorar el movimiento, tendremos que influir en los movimientos que la gente hace de verdad, empezando por los más habituales. El ser humano flexiona la columna en multitud de situaciones cotidianas, así que tiene todo el sentido aumentar la capacidad de los tejidos implicados en ese gesto y mejorar su control.

De hecho, los ejercicios en flexión de columna son una parte importante del repertorio que creó Joe Pilates. Y la evidencia es tranquilizadora: la flexión de columna no aumenta el riesgo de lesión y no está contraindicada en personas con discopatías (salvo casos muy puntuales que pueden irritar el sistema nervioso). Somos, además, muy eficaces en esa posición: podemos pasar largos ratos sentados o en cuclillas e incluso levantar peso con eficacia flexionando.

La columna neutra: un punto de partida, no un mandamiento

La posición neutra es una referencia útil para aprender a organizar el cuerpo y para muchos ejercicios. El problema aparece cuando se convierte en una regla rígida para todo. Impartir Pilates manteniendo la columna constantemente en neutro no solo carece de sentido: desaprovecha una oportunidad de oro para enseñar a los alumnos a refinar el movimiento y a reforzar sus tejidos, justo lo que previene la aparición de síntomas por sobreesfuerzo.

El Roll Up: ni imprint ni neutro

El Roll Up es un buen ejemplo. Ni hay que apretar las lumbares contra el suelo (imprint), ni hay que restringir la flexión para mantener la columna neutra. El objetivo del ejercicio es favorecer la distribución del movimiento de flexión a través de la mayor cantidad de segmentos vertebrales posible. No es un ejercicio de fuerza: es un ejercicio de control dinámico del movimiento.

Enseñar a moverse en flexión, con criterio y de forma graduada, es enseñar a entender el movimiento en lugar de a temerlo. Es la misma idea que recorre la relación entre Pilates y fisioterapia y el trabajo de movilidad de la columna: dar opciones, no imponer una única forma “correcta”.

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