Pilates evolucionado vs Pilates clásico

Desde que el método Pilates se difundió a nivel internacional, muchos estudios y escuelas presumen de ser “auténticos”, “originales” o “clásicos”, y usan esos adjetivos con orgullo. Cuando los oigo aplicados al Pilates, en mi cabeza se traducen en otra cosa: “antiguo”, “rígido”, “desfasado”.
Pocos campos han evolucionado tanto en las últimas décadas como el del conocimiento del cuerpo humano. Hoy sabemos cosas que Joseph Pilates no podía saber en su época; fueron su intuición y una mente adelantada las que permitieron que su método llegara hasta aquí. Así que la pregunta es inevitable: ¿por qué no usar todo lo que hoy sabemos de anatomía, fisiología y biomecánica para que el método evolucione? Los cirujanos no operan con las técnicas de sus pioneros. Esas figuras marcaron el camino para que siguiéramos estudiando y mejorando, no para quedarnos quietos.
El problema de un protocolo igual para todos
Impartir una clase con un protocolo de ejercicios cerrado, igual para todo el mundo, es mucho más cómodo que evaluar a cada alumno y diseñar un programa para su postura, sus patrones de movimiento y sus necesidades. Pero a medio plazo puede ser perjudicial. Si no identificamos bien los problemas de un alumno, no le ayudamos a tomar conciencia de ellos y no elegimos ejercicios orientados a mejorar cómo usa su cuerpo, cada repetición consigue lo contrario de lo que buscamos: refuerza sus patrones defectuosos y los instala más en su sistema nervioso.
Cualquier ejercicio que realicemos sin asistencia y sin una dirección enfocada a corregir patrones defectuosos provocará que esos mismos patrones estén cada vez más instalados en nuestro sistema.
Hay un ejemplo claro en el propio repertorio original, donde predominan los ejercicios de flexión de columna. Tiene sentido histórico: Joseph Pilates trabajó sobre todo con bailarines, cuya tendencia postural es la extensión lumbar. Pero buena parte de la población actual tiende justo a lo contrario, a la flexión lumbar y la retroversión pélvica. Si esa persona arranca un entrenamiento clásico cargado de flexión, es probable que agrave su patrón. Un trabajo genérico e inespecífico no es la mejor forma de producir un cambio positivo.
Qué perseguimos como profesionales del movimiento
- Identificar los patrones de movimiento incorrectos que causan o pueden causar problemas.
- Hacérselos comprensibles al alumno y darle información anatómica y biomecánica correcta, mediante imágenes mentales, propiocepción, información táctil e indicaciones verbales.
- Lograr que mejore postura y movimiento por una buena conexión entre el sistema nervioso y el locomotor, no a base de tensión extra (control motor).
- Ofrecer ejercicios enfocados a movimientos funcionales y cotidianos, hasta que lo nuevo se vuelva correcto e inconsciente.
- Conseguir que el movimiento sea global y que las fuerzas (la gravedad) se distribuyan por el cuerpo acorde a su diseño (tensegridad).
Si lo logramos, trabajamos sobre la causa y no sobre el síntoma, e involucramos al sistema nervioso en el proceso: el alumno adquiere información para reconocer sus problemas en su día a día y vive una experiencia positiva de lo que buscamos (fluidez, movilidad, equilibrio, ausencia de dolor, más energía).
Si el sistema nervioso no tiene una experiencia positiva y sin esfuerzo de aquello que queremos lograr, es muy probable que el resultado final no sea tan satisfactorio como esperamos.
Polestar es, en ese sentido, un Pilates evolucionado: su programa es de los que más se nutre del ámbito científico y de otras técnicas somáticas, y lo traduce a ideas claras para que aprender algo complejo resulte intuitivo. Después de años conviviendo con el método, toca desarrollar una mirada crítica sobre lo que se hace en estudios y escuelas, y dejar que evolucione. Esa mirada arranca por entender los Principios del Movimiento.
