A Joseph Pilates no le gustaba dar explicaciones. Cuando un alumno preguntaba cómo ejecutar un ejercicio, el maestro le hacía repetir y repetir el movimiento hasta que el propio alumno “confesaba” que ya lo había entendido. Las correcciones, casi siempre, con las manos.

Lo contó Lolita San Miguel, una de las poquísimas discípulas directas de Joe, en una de sus visitas a España. Y entre sus recuerdos hay más de una lección que sigue valiendo hoy, casi un siglo después.

Lo que no sale en los libros

Existe una biografía extensa del creador del método, pero Lolita San Miguel desveló detalles que vivió en primera persona. Uno corrige incluso las fechas: Joseph Pilates nació en 1883, no en 1880 como recogen muchos escritos. Otros dibujan al hombre detrás del método, alguien que enseñaba más con el ejemplo y el tacto que con la palabra.

El secreto era observar

Si algo definía a Joe, según Lolita, era la observación. Pasaba mucho tiempo mirando a las personas para poder dar respuesta a sus necesidades físicas y funcionales. De ahí salió el mejor consejo de la charla, uno que podría haber salido de la boca del propio Pilates:

Busquen en los alumnos sus necesidades y así podrán ayudarles.

Lolita San Miguel

Es la misma idea que hoy distingue a un instructor de verdad: no repetir un repertorio, sino observar, evaluar y adaptar.

El método no se quedó congelado

Lolita se formó directamente con Joe, pero con los años completó su formación con escuelas como Polestar para adaptar el método a las necesidades de hoy. Y dejó una reflexión interesante: de vivir en el siglo XXI, Joe enseñaría su método de otra forma, y desde luego no empezaría las sesiones con un ejercicio como el Hundred. En su época la gente caminaba a todas partes; ahora pasamos ocho horas sentados. El cuerpo al que se dirige el método ha cambiado, y el método, bien entendido, cambia con él.

Joe murió en 1967, pero el Pilates sigue vivo y sigue avanzando desde el conocimiento del movimiento. Honrar su legado no es repetirlo tal cual, es seguir haciendo lo que él hacía: observar, adaptar y devolverle a cada cuerpo un movimiento mejor. Es justo el espíritu del Pilates de suelo, el original.

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