El cambio postural en el embarazo (y cómo lo acompaña el Pilates)
Que el método Pilates es una buena opción para hacer ejercicio durante el embarazo es una idea cada vez más extendida. Pero, ¿somos conscientes de los beneficios reales que puede aportar a una mujer durante la gestación, el parto y la recuperación posterior? Celeste Roldán, educadora de Polestar Pilates, fisioterapeuta y doula, lo explica.
Entre las ventajas del Pilates en el embarazo destaca su influencia en la postura y en la capacidad de movimiento de un cuerpo que se transforma en apenas 40 semanas. El cambio postural se produce, sobre todo, por el desplazamiento del centro de gravedad debido al aumento del volumen abdominal. La buena noticia es que estamos preparadas para ese proceso y el cuerpo es capaz de adaptarse y recuperarse tras el parto; la menos buena es que muchas mujeres siguen teniendo síntomas secundarios (ciática, dolor lumbar, diástasis) derivados de su postura y su forma de moverse durante el embarazo.
La modificación principal se produce en la pelvis, arrastrada en anteversión por el volumen abdominal. Esa inclinación anterior puede provocar hiperlordosis lumbar, cabeza adelantada, flexión y rotación externa de caderas e hiperextensión de rodillas, lo que altera la distribución del peso en los pies.
Aquí está la clave: nuestro trabajo como profesionales del movimiento no es corregir la postura a base de compensaciones. Forzar una retroversión pélvica o una semiflexión de rodillas para “evitar” la hiperlordosis solo genera desequilibrios y sobreesfuerzos ineficientes, y puede agravar los síntomas (por ejemplo, aumentar el riesgo de diástasis por sobrerreclutamiento del recto anterior y más presión abdominal). El papel del Pilates es preparar a las estructuras para asumir el cambio, aumentando la capacidad de adaptación de tejidos y articulaciones a medida que avanza el embarazo.
Claves del trabajo de estabilidad
- Activación del músculo transverso abdominal.
- Organización óptima de la musculatura del suelo pélvico.
- Reforzar la sensación de elongación axial.
- Mantener o mejorar la estabilidad de las articulaciones intrínsecas de la pelvis.
Bases para mantener o mejorar la movilidad
- Conseguir una distribución homogénea del movimiento en toda la columna.
- Asegurar la extensión dorsal y de caderas para evitar el efecto bisagra en la zona lumbar.
- Mantener, en lo posible, la flexión de las vértebras lumbares mediante ejercicios a favor de la gravedad o en descarga.
Más allá de compensar los cambios posturales, nuestra labor es acompañar este proceso de cambio para permitir la adaptación de todas las estructuras corporales, en el entorno dinámico y seguro que ofrece el método. Es la misma lógica de individualización que conecta el Pilates y la fisioterapia: acompañar la adaptación de cada cuerpo, no imponerle una forma ideal. Como en cualquier situación clínica, conviene trabajar siempre con el criterio de un profesional de la salud por delante.
Celeste Roldán. Educadora de Polestar Pilates.
