Para integrar la fuerza en tus clases de Pilates con criterio conviene entender una de las bases del método: la carga. Empieza por una fuerza que está presente en todos y cada uno de nuestros movimientos: la gravedad.

El trabajo que hacen nuestros músculos para mantener una postura o producir un movimiento se opone al peso del cuerpo, atraído constantemente por la Tierra. Esa carga aumenta o disminuye según distintos factores. Y aquí está lo importante: en los últimos años se ha consolidado un cuerpo de evidencia que muestra que la carga física es lo que hace que los tejidos se adapten, aumentando su resistencia y su capacidad de tolerar cargas futuras.

Dicho de otro modo: al cargar el trabajo físico por encima del umbral de tolerancia actual, el tejido se adapta y se vuelve más fuerte. Nuestro cuerpo es un sistema antifrágil: solo estresándolo (y dándole después descanso) se hace más resistente.

Te recomendamos ver el vídeo que acompaña al post para integrar la fuerza en tus clases con algo más de detalle.

Cómo cargar peso sin lesionarte: la clave está en la dosis

  • Entrenamiento progresivo + descanso construye capacidad física.
  • Entrenamiento súbito y sin descanso destruye capacidad física.

Si cargas el cuerpo de forma progresiva, ligeramente por encima de tu umbral actual, y respetas el descanso necesario para que el sistema se repare, las probabilidades de que algo vaya mal son bastante reducidas.

Si, en cambio, entrenas de forma poco frecuente y con cargas excesivas en periodos cortos, es probable que los procesos de reparación se vean sobrepasados y aparezca el dolor. Por eso conviene entender cómo reaccionan los tejidos e ir explorando la capacidad poco a poco, de forma continuada y metódica. El método Pilates permite descubrir esos límites paso a paso, usando la gravedad como herramienta para saber qué zonas necesitan más carga y cuáles más descanso.

La carga es además una buena analogía del aprendizaje del movimiento: el objetivo con cada alumno es detectar sus límites y retarle de forma progresiva para que aumente su tolerancia. Y hay un factor psicológico que pesa: ¿qué resulta más gratificante, un ejercicio difícil que genera dolor, o uno que ofrece un reto asequible y ayuda a entender el propio cuerpo? Para moverte bien en estas decisiones, ayuda dominar los Principios del Movimiento que subyacen a cualquier práctica, sea Pilates, yoga, danza o boxeo.

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