Cómo facilitar el movimiento en personas con Esclerosis Múltiple
La educadora de Polestar Nichole Anderson (PMA-CPT) ha trabajado con muchos clientes con esclerosis múltiple (EM) y comparte aquí lo que ha aprendido en el proceso. La idea de fondo es sencilla: con EM el objetivo no es el rendimiento, sino facilitar un movimiento seguro y adaptado al día concreto de cada persona.
Qué es la esclerosis múltiple
La EM es una enfermedad en la que el sistema inmune ataca al sistema nervioso central. Muchos nervios están recubiertos de mielina, que los aísla y acelera la velocidad a la que viaja la información. Cuando el sistema inmune ataca esa mielina, se forma tejido cicatricial (esclerosis), y con el tiempo la propia fibra nerviosa puede dañarse. Como casi todas las acciones del cuerpo dependen de un impulso nervioso, los síntomas varían mucho de una persona a otra.
Síntomas que afectan al movimiento
Cada cliente con EM presenta dificultades distintas, pero hay algunas frecuentes en una clase de movimiento:
- Pie caído: debilidad en los músculos que flexionan dorsalmente el tobillo, con mayor riesgo de caídas al caminar.
- Entumecimiento: uno de los síntomas más comunes; puede hacer que una zona se “desconecte” y cueste controlarla.
- Fatiga: a menudo impide realizar muchas repeticiones, sobre todo con carga alta.
- Debilidad: por desacondicionamiento o por el propio daño nervioso; aumenta si la persona se sobrecalienta o se fatiga.
- Espasticidad: espasmos involuntarios que provocan rigidez en la extremidad afectada.
Consideraciones de seguridad
- Cuida la temperatura: una sala calurosa puede volver muy difícil la sesión e incluso precipitar un brote.
- Descansos frecuentes: aunque la persona sienta que puede seguir, conviene parar a menudo para evitar la fatiga.
- Vigila los aparatos en movimiento: como la EM causa entumecimiento, hay que estar atento a que una barra o un muelle no se escapen de una mano o un pie.
Cómo construir una sesión
Calienta estimulando manos y pies. Según la capacidad de cada persona, masajear y movilizar los pies (tirar de ellos, frotarlos, mover el tobillo trazando el alfabeto en el aire) y las manos (abrir y cerrar el puño, “dedos de piano”, auto-masaje) ayuda a despertar zonas que no solemos trabajar en Pilates.
Convierte las transferencias en parte de la clase. Pasar de una posición a otra suele ser de lo más difícil. Trabajar la estrategia de cada transición (de sentado a de pie, parando a medio camino para movilizar, descansando al llegar) es funcional y le da a la persona recursos para su vida diaria.
Explora la respiración. Dedica tiempo en cada clase a respirar y movilizar el diafragma y la caja torácica.
Trabaja el equilibrio con seguridad. Usa el equipamiento a tu favor: una barra fija a la que agarrarse para practicar elevaciones de talón o apoyo en una pierna, o el Core Align para el movimiento recíproco de las piernas con el apoyo de una barra.
Apoya las extremidades distales. Correas de velcro para fijar pies o manos cuando hay mucho entumecimiento, therabands para mantener los muslos juntos en puentes o reloj pélvico, y pistas táctiles (con permiso de la persona) para llevar la atención a zonas poco receptivas antes de iniciar el movimiento.
Y una idea que vale para toda la sesión: no hay dos días iguales. Lo que un día son fortalezas otro pueden ser debilidades. La temperatura, el descanso, el estrés o la actividad de la víspera cambian mucho las capacidades de un día para otro, así que conviene comprobar cómo está la persona y dejar que el progreso sea relativo. Es la misma lógica de individualización que recorre la relación entre Pilates y fisioterapia.
Con la educadora Polestar Nichole Anderson (@nicholemoves). Incluye información de la National MS Society (nationalmssociety.org).
