El Pilates es una de las profesiones del movimiento más demandadas: cada año aparecen ofertas para instructores y abren estudios nuevos. Y sin embargo, muchos de esos estudios cierran en los primeros años.

La razón rara vez es la técnica. Puedes estar muy bien formado, al día en ciencias del movimiento y dar clases excelentes, y aun así estrellarte como negocio. Porque ser un gran profesor no te convierte en empresario, y casi nadie te enseña la otra mitad del oficio.

1. El dinero

Has encontrado el local ideal y estás entusiasmado, pero hay mucho por hacer y todo cuesta. Abrir un estudio requiere una inversión que se va sumando antes de que entre el primer cliente:

  • El local: alquiler (con su señal o aval), obras, acondicionamiento de salas, vestuarios, mobiliario, imagen exterior. O el traspaso de un negocio ya montado.
  • El equipamiento: Reformers, Allegros, Cadillacs, barriles, sillas, colchonetas. Es caro, y tirar de material barato suele salir caro a la larga. Vale la pena entender bien qué máquinas necesitas antes de gastar.
  • La formalización: el papeleo (autónomo o empresa) y, casi seguro, una gestoría.

La lista crece rápido, y entre los avales y los intereses de los bancos, el modelo más frecuente para arrancar sigue siendo el FFF (friends, family and fools).

2. El plan de negocio

El éxito depende de muchos factores, pero hay uno casi imprescindible para no estrellarse: un plan de negocio. Es lo que convierte tu idea en algo tangible, lo que te obliga a analizar a fondo tu modelo, a comprobar si será rentable y a saber cómo llevarlo a cabo. Sin ese análisis, emprender es apostar a ciegas.

3. Los clientes

Has hecho la inversión, el local está precioso y entonces llega el golpe: nadie entra por la puerta. Pensar que los clientes vienen solos es el error más común. Las ventas son el primer problema de cualquier negocio nuevo, así que tendrás que darte a conocer con una estrategia de marketing para captar, y después fidelizar a quien ya tienes. Antes incluso de la publicidad, cuida lo que tu estudio transmite desde la calle y el precio con el que comunicas tu valor.

Se puede, pero no a ciegas

Nada de esto debería quitarte las ganas. Se puede vivir del Pilates, y vivir bien haciendo lo que te gusta. Lo que marca la diferencia es dejar de improvisar: a la formación técnica hay que sumarle la de negocio, porque los frenos se superan cuando sabes por dónde empezar. Cómo encaja todo esto en un negocio que se sostiene lo desarrollamos en el negocio de Pilates.

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